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Una canción más.

Siempre, cuando me pongo triste, me imagino cantando

ese viejo clásico… parece que me calma,

su tempo, su armonía, su ternura.

Es curioso, las penas parecen menos penas,

cuando te quejas sobre ellas,

yo no me quejo nunca de la pena,

si surge, es por un proceso lógico:

el dolor sólo fue gritado por la tristeza,

la tristeza fue el lloro de la impotencia.

La impotencia fue un hilván suelto de la injusticia.

Y de la injusticia, siempre hay dos versiones.

Mi versión es mi canción, mi camino.

A veces oigo una canción,

y tatareo otra melodía,

mi pie sigue otro compás.

No pasa nada, eso es que las notas se equivocaban.

Y entonces llega el silencio,

El silencio fue un regalo que me hicieron a escondidas.

Siempre está ahí,

susurrando con mi sombra.

El silencio es una vida, un sueño, un suspiro, un adiós.

Qué sabio es el silencio y cuantas cosas guarda.

En él, vivo yo y lo que soy.

Ahora, escucharé mi canción.

 

 

 

 

 

Vacío

Nunca estuviste,

y ya te echaba de menos

Eres un vacío, mi vacío.

Me recuerdas a mí, pero no sé porqué

sólo sé que a veces creo verme en ti,

pero, sólo a veces…

enseguida me convenzo de que no,

los reflejos no son verdad.

Huyo del espejo,

y me topo con lo cotidiano, la copia, la fachada…

sólo hay apatía,  lo aburrido, la desgana…

y ese vacío está en mí,

tú estás conmigo.

Y no me doy cuenta, o eso me digo,

vuelvo a sonreír, a andar, a conocer…

a probar, a saltar, a bailar, a hacer

pero no hay sabor, no hay olor, no hay sonido ni movimiento;

sí desazón, ese vacío, tú.

Grito y grito… y creo que tú me oyes

pero me lo invento, no es posible, tú no estás.

Esas dudas me aterrorizan,

la locura siempre acecha,

y me digo que son voces en el aire,

que no es esa mi verdad.

Sólo me vuelvo a engañar,

porque tú eres mí vacío,

lejano, frío y hueco,

pero mío.

 

 

 

 

 

 

 

Tácticas IV

Te besé

y fue de esos besos que no cuentas a nadie;

no entenderían, no alcanzarían  ver siquiera,

que un momento, uno solo, es felicidad.

Vinieron caricias,

inesperadas unas, asustadizas otras.

No podía pensar, sólo estabas tú.

¿dónde quedó mi libertad?

Yo sentía y sentía, así era libre.

No podía hablar, mis palabras fueron tuyas.

Contigo respiraba y sin ti me moría.

¿Cómo se puede querer tanto?

Cuando cogía tu mano, todo era.

Yo sólo callaba;

que nadie supiera, porque no entenderían.

Mi carne dolía si no oía tu voz.

tu voz, esa voz me alejaba del mundo.

Me dejaba llevar porque contigo era,

sin ti, mi carne se helaba: me evaporaba.

En mi cabeza gritaba muy alto que te quería,

pero en mi boca eran susurros, para que nadie nos oyera.

Tenía tanto miedo, por tantas cosas:

no soportaría no tenerte,

no sabría caminar sin mirar con tus ojos,

no podría imaginar las cosas que imaginé en tu piel,

Sólo estabas tú.

¿Cómo voy a saber del amor?

Si nadie sabe como te amé,

y yo soy porque lo hice.

 

 

 

 

 

 

 

Tácticas III

Ahora,

sé que he vivido cuatro vidas,

todas surgieron sin aviso.

 

No hay porqués; si los hubieron, olvidé.

En todas, una fuerza grande y salvaje,

me zarandea sin poder evitarlo

¿Alguien puede pararme? ¿Alguien?

No hay respuestas; sí preguntas.

Cada vida fue en una dirección,

como calles diferentes, inquietas, llenas de susurros.

Habían ojos que miraban, bocas que hablaban, orejas sordas;

 

Cuando cantaba, escondida detrás de mi voz, observé y,

vi amor, confusión, arrebato, dudas, resentimiento;

a veces, cobijo y perdón.

¿Mentira o verdad?, no sé, yo siempre creí.

Y el olvido siempre nos cubría.

También había sombras a ras de mis pies,

que de pronto, me adelantaban un paso.

Curioso el idioma de las sombras.

 

En cada vida, el agua.

Yo siempre quise atrapar el agua,

pero me engañaba, se escondía y yo buscaba,

volvía y se escurría. Se escapaba.

Ahí es cuando el silencio nace.

Y con mis manos vacías, respiraba.

mi latido seguía marcando el ritmo,

levantaba la vista y habían otros colores

Otras palabras llegaban a mi oído.

Era otra calle distinta.

 

 

 

 

Tácticas II

Si me cuentan que sí,

miraré hacia el mar.

Sabré si tus pies llegaron, por fin.

 

Si me cuentan que no,

me sentaré al abrigo de aquella sombra.

Escucharé el temblor de las hojas en su rubor.

 

Si me cuentan que sí,

seguiré en silencio la melodía.

Buscando el reloj que perdí.

 

Si me cuentan que no,

robaré el olor de los nardos.

Lo guardaré en mi cajón.

 

Si me cuentan que sí,

taparé mis lagrimas.

Diré que de la luna volví.

 

Si me cuentan que no,

pellizcaré mi carne.

Sabré si aún suspiro.

 

Si te dicen que no canté,

amor, amor, tú no les creas.

 

 

Tácticas I

Mis dedos están inquietos,

busca que te busca.

Juegan con el viento,

bailan en mi nuca.

 

Les dejo ir.

 

Roban una caricia,

y se escurren por tu espalda.

Tienen prisa,

pero a veces, callan.

 

Son libres.

 

Se hacen agua,

susurran a la arena,

silenciosa escucha,

y un viejo recuerdo se acerca.

 

Yo les sigo.

 

Gotas de agua en movimiento.

tiemblan como una hoja,

no hay miedo.

Dibujan en el aire un lugar.

 

Suspiro.

 

 

 

 

 

 

Jugando

(Uno, dos y tres) Tapo mis ojos

(Uno, dos y tres) porque no te quiero ver,

(Uno, dos y tres) pero miro entre mis dedos y,

(Uno, dos y tres) entre las rendijas, te aprendo

(Uno, dos y tres) del derecho y del revés.

 

(Uno, dos y tres) La brisa me cuenta

(Uno, dos y tres) y cierro mis oídos

(Uno, dos y tres) porque no te quiero oír,

(Uno, dos y tres) pero sigo tu susurro

(Uno, dos y tres) por arriba y por abajo.

 

(Uno, dos y tres) Las horas callan,

(Uno, dos y tres) se hacen transparentes;

(Uno, dos y tres) me vuelvo a esconder

(Uno, dos y tres) y tú te acercas sin ver.

Uno, dos y tres: Golpeo la pared.

 

 

 

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